Un día tan tranquilo, en el bosque me encontré con un pequeño lorito con un ala rota, enredado en un árbol. Por curiosidad me acerqué y lo miré fijamente, mientras tanto mis amigos me llamaban. _ Qué haces mirando ese árbol fijamente?
Respondi. Allí está un lorito herido, me lo quiero llevar a casa. Uf....hasta que conseguí llevármelo y lo curé día tras dia. Iba mejorándose de su alita y también adaptándose a mi familia.
Mis padres, mis hermanos y yo, lo llamamos Pepe. Pero, eso no era todo; me llamaba por mi nombre. Hasta que un día se salió de su jaula y se me fue. ¡Quedé muy triste! Sola me sentia, vacía, sin aliento de nada. Mi mamá como siempre pendiente de mis pasos, me aconsejó que, si quería volverlo a ver, que fuera al lugar donde lo recogí. yo no creo que esté allí, le decía. Sin embargo, preparé mi bicicleta y fui allí.
La sorpresa que me llevé fue muy agradable, mi pequeño Pepe tenía su propia familia; su esposa y sus hijitos. Necesitaba ser libre para disfrutar de ellos y del aire fresco que le da la naturaleza.
Desde entonces, visito todos los días ese arbolito donde lo encontré, siempre que salgo del colegio. Lucas y María son los hijos de Pepe y Carol; esos nombres se los puse yo, porque son muy lindos, igual que ellos. Carol es muy intensa y especial para mi pequeño Pepe.
¿No sólo yo visito a Pepe, imaginense quién más lo hace? ¡Mi familia! Si señores, ellos también visitan a mi Pepe y su familia.